Delirio post electoral
Mucho le tiene que doler la cabeza, no sólo a Dolores “Lola”, sino a toda la familia socialista. El resultado electoral ha propiciado el mayor descalabro de este partido en lo que corremos de democracia, y que nadie de ellos ponga cara de sorpresa; muchas voces –entre las que me incluyo- lo pregonamos a riesgo de ser excomulgados.
Y lo fuimos, ya lo creo; pero yo siempre preferí el bocata de salchichón a las ostias, y la fidelidad a la gente que se dice representar al ansia de gobernar.
Me imagino a Lola trabajando muy duro durante la legislatura fallecida, intentando que el resultado de la acción de Gobierno dejara afónicas a todas esas gargantas que nunca entendieron que el precio por gobernar pasara por darle a Revilla el megáfono más potente que se le puede dar a un populista como él. Me la imagino cansada, acosada, confundida y, seguramente, decepcionada. La presiento analizando sus cuatros años de bonanza económica –si bien, este tipo de políticas es subsidiaria de la nacional y/o mundial-, repasando sus logros, enumerando las buenas obras realizadas, constatando la ausencia de escándalos que alguna mañana pudiésemos recordar, y pellizcándose las mejillas en un vano intento de despertar sudando en la cama, ahogando una pesadilla que nunca quiso vivir.
Seguro.
Me juego el poco pelo que tengo, la guitarra que tanto toqué y la colección de discos de Serrat, que con tanto esfuerzo acumulé.
Pero así ha sido Lola, mientras el Gobierno se afanaba en hacer las cosas bien –como suele ocurrir en las primeras legislaturas; ahí está el caso González o Aznar, que tuvieron ambos unas primeras etapas de mandato realmente positivas-, Revilla aprovechaba su tiempo en hacerse querer y en entretener a la tropa, y en ese campo, reconozcamos que Miguel Ángel Revilla es un fenómeno. Por eso ahora no te puedes tirar de los pelos, ni tu ni nadie de tu partido. Recuerda, estoy seguro de que no lo olvidarás jamás, que le pusiste tú.
La pregunta que se plantea ahora es si redundaréis en el error, o si por el contrario pisaréis las pisadas y desharéis el camino tortuoso que acabó al filo del barranco. No quisiera pecar de ingenuo aunque últimamente me hincho a ver películas de Disney con mi hija-, pero sería toda una lección de humildad, de redención y de urbanidad que el Partido Socialista permitiera que la acción de gobierno la llevara a cabo la lista más votada: la del PP.
Seguro que estos días habrá voces, chillonas y agudas, que reclamarán la reedición del pacto con el PRC ¿Nadie en el PSOE se plantea que este partido, con toda legalidad, es la derecha? ¿Nadie recuerda aquella frase de “Yo no soy falangeta, soy falangista? ¿Nadie atiende al voto de Cantabria que prefiere a Diego por encima de Revilla?
La gente vota a partidos, personas o propuestas, pero no vota coaliciones ni segundas vueltas en despachos oscuros, sin luz ni taquígrafos. Por todo esto, Revilla estaba asustado con los malos resultados del PSOE, porque es consciente de que muchos militantes socialistas no están por la labor de seguir dándole la posibilidad de volver a Noche Hache o Channel 4, y ahora esos disidentes del pacto tienen mucho que decir.
No sería serio por mi parte ignorar los excelentes resultados, no sé si del PRC o del señor Revilla. En cualquier caso, su campaña ha sido fantástica y los números excelsos. El escaparte que le ha supuesto a Revilla la Presidencia del Gobierno ha sido utilizado, por el bigote más famoso de Cantabria, de manera contundente, quizás partidista, y sobre todo, efectiva.
Un capítulo aparte en este desvarío post electoral merecen los resultados del PP en Cantabria. Una candidatura nueva, con un tipo joven, de una trayectoria como alcalde positiva y fecunda –lo dicen los números, no yo-, y al que no se conocía bien en la región más allá de los límites astillerenses, y que contra todo pronóstico ha mantenido la representación del PP, cediendo un escueto e insignificante 0,5%. Diego reclama la posibilidad, que numéricamente le han dado los votos, de formar gobierno en minoría, y no debería de tener problemas para llegar a acuerdos puntuales con el PRC –que es de su misma ideología- y con un PSOE en horas bajas. La salud de la política cántabra se vería mejorada de forma considerable, y de paso se atendería a los deseos de los ciudadanos.
Cuando pienso en esta posibilidad me viene a la cabeza el gobierno que ha formado Sarkozy, incluyendo gentes de izquierda sin que nadie se hiciera el harakiri y enriqueciendo el arco ideológico con representación multicolor y multirracial. Cuestión de desarrollo democrático, supongo. Veremos.
Estas últimas líneas no pueden tener otro destinatario que Iñigo de la Serna, el nuevo y flamante alcalde de la capital cántabra. Sin estridencias, aprovechando muy bien el rebufo de Piñeiro, con cercanía, con juventud pero sin bisoñez ha alcanzado las más altas cotas jamás soñadas por un político: vini, vidi, vinci.
A todos ellos, sin excepción, mis mejores deseos para que cumplan lo prometido, para que no se dejen influenciar por los poderes fácticos, y para que trabajen en busca de la mejoría de la calidad de vida de todos los cántabros. AMEN.