Mudanzas y pistolas
Permítanme, después de saludarlos –ante todo educación y buen rollito-, que empiece optimista, contento y satisfecho de haber cumplimentado otra mudanza. Y van cuatro en dos años.
Aunque, no crean, no está del todo finiquitada. Tengo en el garaje más cajas que una edición especial de noche vieja de “Allá tú”, pero ya se ve la luz al final del túnel, que no es poco. He pasado mi primer fin de semana en la que será mi residencia habitual, y espero que mi hogar, y es fantástico comenzar de nuevo en una nueva casa. El sábado estuve diez minutos buscando un tenedor. Pero es maravilloso.
El jardín, a pesar de que diez días antes mi cuñado y su padre, haciéndome un favor impagable le habían pasado el dalle, tenía la hierba alta, tan alta que se podía ver los soldados de Cataluña. De hecho, Daniela, mi hija, salió a jugar el sábado y todavía la estamos buscando. Se parece al jardín de “Cariño, he encogido a los niños. Pero es tan gratificante beguin the beguin… A eso de las dos de la mañana me levanté preso de un terrible apretón urinario, y como no controlaba la ubicación de los interruptores de la luz, tres veces me hostié: la mesita, la esquina de la cama y el marco de la puerta del baño. Pero luego había que volver, y como el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra –menos Pocholo, que no tropieza con ellas, se las fuma-, volví a hostiarme con el marco de la puerta y la esquina de la cama, esquivando para mi regocijo la mesita puñetera ¡Qué hermoso, iniciarse cual colegiala!
A la mañana siguiente, con sangre seca tirándome de los pelos de la pierna izquierda, me duché sin ningún contratiempo. Me vestí y bajé al salón en busca de las gafas de ver –como si el resto de las gafas fueran para medir la velocidad del viento, no te jode, que en mi antigua morada siempre dejaba en la mesa de la cocina. No sé a ciencia cierta el tiempo que tardé en encontrarlas, pero cuando di con ellas tenía dos dioptrías más en el izquierdo ¡Bah, bah…! Minucias, si lo comparamos con la ilusión de plantar un árbol nuevo para verlo crecer. Y cuando crezca frondoso, florido y repleto de fruta traerá cientos de miles de mosquitos que me dejarán la cara como la de Raquel Bollo en Supervivientes. Pero algo me dice que esta casa nueva va a oler a madera quemada despacio; algo incita a mi culo a posarse en ese sofá, yendo mi cabeza detrás, asintiendo; algo me excita en sus paredes obligándome a colgar mis fotos más viejas; algo en ella me hace creer.
Y después de este preludio allegre ma non troppo, y como diría Jack El Destripador, vayamos por partes.
Siempre escribo mientras escucho música. Como el lindo gatito fracasamos invariablemente para diversión del personal que nos mira de reojo, y como el coyote nunca llegamos a la hora ni al lugar ni en el momento preciso, canta a mi vera Manolo García. Miro al reproductor de cd’s como si le mirase a él y le respondo con un gesto ocular preñado de languidez: Así es, Manolo, no hay manera. No aprendemos. ¿No han tenido a veces esa sensación de qué la cosa no cunde, qué remamos como brutos para ahogarnos en un palmo de agua, qué se nos escapa el tiempo entre las manos que tan poco tiempo dedicamos a acariciar, qué no merece la pena la pena que derrochamos sin fruto postrero?
La media noche ya reposaba sobre mis párpados, que cada vez pesaban más y más. Manolo García me acunaba entre un fa sostenido y un sol de justicia; y a punto de derrumbarme por el sueño, la voz de mi mujer, ininteligible, pero con tonillo de mala hora ésta, me apremia a poner la radio: Una noticia de última hora me devuelve a este, a veces, puto mundo. La banda terrorista ETA da por fenecido el alto al fuego permanente y comunica su intención de volver a las andadas, es decir, al terror.
Y esto no es palabrería, esto se puede traducir en coches bombas, en sangre vertida a saber en qué maldita acera, en tiros en la nuca… Esto es lo que han anunciado los cachorros de rottweiler abertzale.
No es hora de culparse ni de echarse en cara decisiones que, si bien yo nunca entendí, siempre buscaron -de manera pueril, es cierto- una paz que se me antoja ahora más lejos, más costosa y más incierta que nunca.
Que nadie olvide, por lo más sagrado que cada uno de nosotros tenga, que el enemigo sigue siendo el mismo: disparan por la espalda, ponen bombas y llevan capuchas. Espero que la responsabilidad ante la nación esté por encima de cualquier interés partidista. No lo entendería de otra manera. En menos de un año los españoles acudiremos de nuevo a las urnas a elegir a nuestros representantes para los próximos cuatro años. Ahí el pueblo dará o quitará razones de manera soberana, hasta entonces los partidos democráticos deben ser una auténtica piña, y por supuesto, que el peso de la justicia y que la acción más contundente de los Cuerpos de Seguridad del Estado sean asfixiantes, implacables e inagotables.
Hay quien pide al Gobierno rectificación. No estaría mal, pero no para verle humillado.
No, ni mucho menos, sino para dar un giro público e inequívoco a su política antiterrorista. Tampoco estaría de más que la oposición también rectificara algunas de las afirmaciones vertidas y que no fueron ciertas. De haberlas sido la banda terrorista no hubiera roto la tregua. Y después de eso, manos a la obra.
Manolo García se llevó la boca a otros momentos más propicios, yo me quedé pensativo, ausente y triste. La mudanza, que me dio argumentos para echar unas risas en este principio de escrito, se disipó entre las brumas de las cajas de cartón.
Dicen los de ETA que vuelven, a mí me parece que nunca se fueron.
Y para despedirme de este jueves turbio recordar a Maquiavelo cuando escribió aquello que rezaba: “cuando la diplomacia se agota, no queda más remedio que ir a la guerra”.
Ojalá la guerra se hiciese con pistolas de pintura.
16 de Agosto, 2007 a las 20:47
Hola Felix,
se te echa de menos en la que fue tu casa de alquiler de Monte.
He de confesar que echo más de menos encontrarme con tu mujer en el ascensor, o a la linda de tu peque.
Ahora en serio, el ático ya no será lo mismo. La piscina tampoco será igual sin alguna charla que otra que tuvimos mientra Dani y mi hijo hacían los primeros pinitos de flirteo…
Un fuerte abrazo y que os vaya fenomenal en vuestra nueva casa
Tu ex-vecino del 2º
17 de Septiembre, 2008 a las 20:27
Enhorabuena por su Blog
25 de Septiembre, 2008 a las 14:44
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