Habitan entre nosotros
Tengo dos grandes penas que jamás podré dejar de hacer que duelan. Una es no haber nacido en otra época, en otro momento de la historia de la civilización y en otra cultura. Pero me tocó aquí, en los finales del XX y comienzos del XXI, viendo como el mundo vive bajo la dictadura más sibilina y, a la vez, más contundente. Como los condones:
flexibles,envolventes, adaptables, pero lo suficientemente duros como para mear y no echar gota.
Esta nueva forma de tener el mundo bajo control está basada en la cultura del miedo. Miedo desde que nacemos hasta que morimos. Nos preparan y nos enseñan que la muerte está rodeándote donde quiera que vayas, y nos la muestran continuamente para que no olvidemos su rostro. ¡¡Trece comunidades en alerta por la ola de frío!!¡¡Catorce muertos este fin de semana en las carreteras! ¡¡Una explosión de gas mata a tres miembros de una familia de cuatro!! ¡¡Un atentado en Bagdad mutila hasta la muerte a más cuarenta personas!! ¡¡Un trasatlántico se hunde en el Mar Egeo. Ochenta y dos muertos, doce de ellos niños!!
¡¡Asesinatos selectivos israelíes acaban con la vida de tres palestinos en respuesta a la masacre de hace dos días en Tel Aviv!!
¿Sigo? Un amigo mío decía que la vida no hay que tomársela muy en serio porque al final nunca sales vivo de ella, y así es, y para ello debiéramos prepararnos.
La muerte es cotidiana, inevitable, imprescindible para el equilibrio natural, y esta sociedad lejos de asu-mir su destino caduco, se empeña en mostrar el pitido final como algo numéricamente reprobable. La propia muerte no duele. Incomoda hasta el hastío la de tus seres queridos, más por la sensación de la pérdida de cómplices que por el hecho maldito de dejar de respirar.
Y con esto nos acojonan:
no fumes, no bebas, si bebes no conduzcas, si conduces no fumes, no fumes porros que los ponen droga, no comas grasas, cuidado con el colesterol, vigila tus triglicéridos, si lo que quieres es vivir cien años, no lo hagas nunca sin condón; casi es mejor que no lo hagas. No te adentres mucho en el mar, no subas esa montaña que luego la tendrás que bajar y te podrías caer… En vez de asumir los riesgos de la vida nos pasamos la vida minimizando riesgos, perdiendo un tiempo vital para el disfrute, el conocimiento y el desarrollo personal… Y construyó castillos en el aire a pleno sol con nubes de algodón y lo detuvieron por gilipollas y por inconsciente. Pasas de joven a dejar de serlo, y dedicas tus esfuerzos a que los jóvenes no hagan lo que tú te inflaste de repetir. Miedo, miedo, miedo, miedo… A quererte y a que me olvides, a prestarte y que no me devuelvas, a la furia que puede provocar tu breve minifalda en mi ánimo de hombre de las cavernas, a que salgas de casa y te olvides las llaves y te quedes a dormir en un banco del parque (¡con la gente que habita el parque!), a que pierdas el autobús que llega tarde, a sentirme bien y saber que no es eterno… Todo parece que vuelve a engordar, a matar, a ser inmoral, a obligarte a vivir fuera de la ley y afectar al medio ambiente.
Son hábiles, silenciosos, metódicos y habitan entre nosotros. Salen en la tele y no tienen corazón (y eso que en la tele todo es corazón). Visten de Armany y a menudo son guapos.
Preparemos la pira con la leña más seca del bosque más verde y arrojémoslos al fuego purificador; bailemos ante ellos desnudos y completamente borrachos y forniquemos como si supiéramos hacerlo; riámonos burlones y meemos en las veredas. Acabemos con ellos. Si no los conoces, es que eres un tipo listo y feliz, y no ves los telediarios. Enhorabuena.
17 de Noviembre, 2007 a las 11:42
Que razon tienes amigo…….¿porque en medio de una borajine como es el mundo, no nos paramos tan solo 5 minutos a sentarnos en un banco de la bahia de santander y solamente respiramos…….respiramos………y nos olvidamos de todo? seguro que al levantarnos veremos la vida de otra manera.