Revilla primero de Cantabria

Que vaya por delante que a mí Revilla, en el ámbito personal, no me cae nada mal.
Es gracioso, divertido, ocurrente y con una facilidad para perder los papeles que, posiblemente, otros quisieran encontrar. Pero si hablamos, no de Revilla, sino del Presidente de Cantabria la cosa cambia de color, sonido, sabor y olor.

El color de Cantabria no puede ser gris plúmbeo - para los de la Logse plomizo-, como los trajes de Revilla. El color de Cantabria afina verde esmeralda, como el nombre de su costa, que tiende hacia el azul del mar esperanza y no confronta ciones absurdas, sonrisas serias ante charlotadas rajoynianas que crispan por estériles y que fotografían a Revilla con pandereta y charanga, y Cantabria, con todas sus miserias, no es así. Y cuando Revilla habla, en los medios de comunicación que recogen sus candongos, lo ponen en boca no sólo de Revilla, sino del Presidente de Cantabria. Y no, el color de Cantabria no es el color de los ojos de Revilla.

El sonido de Cantabria no chirría, ni crea conflictos.
Suena a la arena que vuela rozando la arena que no pudo volar a la orden del nordeste; suena a locomotora, que no a AVE; suena a coches por carreteras no acabadas; suena a sollozos de jóvenes que emigran fuera en busca de pan; suena a vacas cada vez más delgadas; suena a tremendas olas golpeando las rocas y jamás sonará a cachondeo ni a exageraciones.
No, Cantabria no suena con el grijo cantarín de Revilla.
Cantabria sabe a la piel salada de aquellas que amé sin medida; a las promesas no cumplidas desde que el pelo me abrigaba la azotea; sabe a la hierba más verde muerta a manos de las urbanizaciones más modernas al borde del mar; sabe a tudanca y maganos que amenazan con emigrar a otra Cantabria serena; sabe a queso cuajado de la oveja más traviesa; sabe a almejas de Pedreña y no sólo sabe a anchoas de Lolín, ni a lo que a Revilla se le pase por el paladar.
No, Cantabria no sabe a lo que sabe Revilla.
Cantabria huele a madera quemada en la chimenea; huele a tufillo insoportable a la entrada del Soplao; huele a un puerto podrido en sus entrañas directivas; huele al Puntal y a fresco de Picos de Europa; huele a lonja repleta de pescado saltarín;
huele a pasiego y purriego, y a la Virgen del Carmen; y no huele al cuero de un taxi que a nadie representa. No, Cantabria no huele al puro de Revilla.

Y esto ya es manido, aburrido y cansino. Pero no pasa nada, aquí nunca pasa nada. Y mientras Revilla sigue a su bola haciendo entuertos y nada para que el AVE llegue a Cantabria antes de que nos incineren. Tan solo llevar y traer anchoas de un plató a otro, de una recepción a otra. Y los poderes mediáticos callados, viendo pasar el tren, como las vacas.

Una respuesta a “Revilla primero de Cantabria”

  1. inma Dijo:

    Me parece que tienes mucha razón. Revilla es una persona muy divertida y con mucho carisma, pero para ser el representante de Cantabria resulta un poco bufón. A la gente de Cantabria se nos tiene como falsos, antipaticos y cerrados de mente, estos son unos de los adjetivos que he tenido que escuchar alguna vez al típico tio “de fuera” que te está insinuando que tú eres la excepción que confirma la regla. Pero ahora que tenemos a este individuo como representante me da pánico pensar que nos reconsideren y piensen que en realidad somos unos payasetes de circo. Un beso.

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