Repupí
Hace mucho, mucho tiempo, que en la tele existían programas de variedades en donde los cantantes de moda efímera o los clásicos incombustibles regalaban actuaciones a golpe de playback.
Entonces, hace mucho tiempo, algunos de esos cantantes repetidos hasta la saciedad, preparaban a modo de “vais a flipar” unas recopilaciones de varios de sus temas más conocidos, enlazándose como los vagones del Ibertren, a golpe de uno detrás de otro, sin medida ni ritmo que los quisiera.
Mi abuela siempre que oía esas composiciones al alimón, exclamaba una tremenda frase de abuela: “¡Callaros coño! Que está Manolo Escobar cantando un repupí”, y todos no callábamos por la cuenta que nos traía.
Potpurrí se decía entonces, hace mucho tiempo, aunque mi abuela rebautizaba esas expresiones anglosajonas al antojo de su vocabulario marinero.
Y eso es lo que yo haré en este artículo, un repupí de algunos temas que me inquietan, o que simplemente me ponen, como a Revilla Cantabria y España.
¿Qué le pasa a Marcelino? Parece obvio que el entrenador del Racing es un tipo con un temperamento agudo, visceral y contundente. Demasiado contundente con la prensa, que no hace más que preguntar lo que tienen a bien preguntar, y creo que Marcelino se equivoca con esa actitud tan dura y en algunos casos, como el domingo pasado, rozando lo pueril.
Creo que no le hace falta a Marcelino, al que nadie pone en duda su trabajo al frente del equipo racinguista, esa actitud de choque frontal, de posición ultradefensiva, de incomodidad y de permanente discordia.
Marcelino, en su etapa racinguista, es tan buen entrenador como mal vendedor. Y en este mundo en el que nos meneamos, no basta con cumplir a la perfección con tu trabajo, sino que además la venta de ese buen trabajo realizado, la convivencia con los poderes fácticos y la armonía entre todos los estamentos es, simplemente, necesaria y obligada.
Parece absurdo, casi estúpido, que estemos con quince puntos y nos estemos lanzando bocados a la yugular por un “quítame allá esas pajas”.
Vaya sin mesura mi respeto por Marcelino y vengan sin tapujos mis discrepancias con algunas de sus actitudes en algunas ruedas de prensa. Ojalá que sigan los triunfos deportivos y se disipen las declaraciones que fomentan los malos rollos.
Otro asunto del que me gustaría disertar en este “surtido de ibéricos”, es la decisión tomada por la Comisión de Seguimiento del Pacto Antitransfuguismo que ha concluido de manera rotunda que Fernando Muguruza, actual alcalde de Castro Urdiales, incurrió en transfuguismo, y ante la afirmación de este comité de juristas no cabe, creo, ninguna discusión. El PP de Cantabria no tiene otra opción que dejar de apoyar al ex dirigente del PRC, o en su defecto, abandonar el Pacto Antitransfuguismo del que forma parte. Esta es la verdadera esencia de la democracia: acatamiento de las decisiones judiciales a las que voluntariamente se someten personas y entidades. Cualquier otra decisión sería errónea y haría perder credibilidad democrática a quien no acate dicha decisión. Pero el tiempo nos dará la capacidad de asistir a los acontecimientos que se deriven de este nuevo culebrón.
Finalizo este repupí haciéndome eco de la capacidad vital que tendrán los nuevos españoles que vayan naciendo por estos días que corren. Nos cuentan que llegarán a los ochenta años ¡Qué suerte la suya! Podrán ver como el AVE llega a Cantabria, viejo y cansado y con sustitutos que ya no verán los octogenarios. Verán al Racing jugar la UEFA, aunque esto puede remediarlo Marcelino. Verán nuevos amaneceres que ni siquiera imaginamos y verán, si tienen suerte, cómo el mundo empieza a girar a la misma velocidad para todos.