Kokotxas al pil-pil
Con lágrimas en los ojos he recibido la noticia de las cartas que ha tenido a bien enviar, mi ilustre intelectual, a un “joven español” llamado Santiago. Ahora maldigo el nombre que me pusieron: Félix, que significa feliz en latín, no es merecedor de un “joven español” que se precie de serlo; español digo, que joven es una impostura confusa que el ser humano dejó, hace mucho años, en manos de Corporación Demoestética. Hace más de veinte años que tengo veinte años, diría plagiando a Joan Manuel Serrat, y no tengo claro por donde anda mi desarrollo: ni físico, ni intelectual.
Vaya por delante la lamentable formación que tuve de niño. Mi lectura favorita, sin la cual no hubiese podido alguna vez cagar a gusto, la conforman los geles de ducha, los champús, las cremas hidratantes y demás artículos de baño que pueblan los cagaderos españoles. Su aplicación, su efecto y sobre todo su composición, me fascinan ¿Sabe usted, mi excelencia, que la crema de Nivea Body Milk tiene entre sus ingredientes cera microcristalina, sulfato de magnesio y sorbete de potasio? ¿sorbete? Haciendo un mal chiste diría que sorbete es una monja a la que echas: sor, vete. Es que tengo una chispa.
Pero volvamos a lo que importa: usted, mi paladín de causas justas.
Ya era hora de que alguien con criterio, con peso específico –como quedó reflejado en la reunión de “Las Azores” donde brilló con luz propia de la nevera de mi casa-, alguien como vos, versado y tan seguro de si mismo que acojona, escribiera con esa claridad meridiana, que usted derrocha generoso a más no poder, qué es un español y cómo debe sentirse esa españolidad. Sí, porque le manda huevos que haya individuos por ahí que tengan la osadía de decidir por ellos mismo lo que les gusta o no de España, que consideren la posibilidad de imaginarse una España diferente; hay algunos que se permiten el lujo de renegar de los Reyes Católicos, de la Inquisición, del franquismo ¡Pero esto que es! España es lo que es, porque fue lo que fue, y a tomar pol culo. Perdón, pero es que me caliento y…
La España del siglo 2 –perdón, es que no sé utilizar los números romanos, me lío con la X, creo que es un empate- no se parece en nada a la del siglo 9, y la del siglo 9 poco a la del siglo 15, y la del siglo 15 me imagino que no mucho a la del siglo 20, pero con maestros como usted, la del siglo 20 será idéntica, afortunadamente y con la ayuda de Dios, a la del siglo 30.
Que razón tiene usted al afirmar, que digo al afirmar, al sentenciar que “hay un cierto esnobismo muy propio de la izquierda española en la negación del hecho nacional. Parece que declararse español fuera de mal gusto, o los símbolos de la nación española pudieran estar o dejar de estar de moda. Es una frivolidad, y a veces algo mucho peor, muy propia de nuestra izquierda. Digo «nuestra» porque en ningún otro sitio ocurre este fenómeno…”. ¡Ole tus…! Que me pierdo, pero es que algo tan determinante y resolutivo me enciendo. Bueno, por esto y porque tengo exceso de fósforo.
Esos izquierdosos que conspiraron tras los atentados del 11-M -como bien ha quedado determinado en la sentencia del juez Bermúdez, que nunca debió de abandonar el Club de la Comedia-, no pararan hasta ver como España se transforma en el cajón desastre que, desde que la Catedral de Burgos era una farmacia, pretenden. Que ETA está detrás de la matanza quedó confirmado, no sólo después de que apareciera la cinta de la Orquesta Mondragón, el temporizador de la misteriosa lavadora, el ácido bórico o el informe de Díaz de Mera, no. Quedó claro cuando se descubrió que algunos de los asesinos, la noche anterior al atentado, habían cenado kokotxas al pil-pil.
Tengo la esperanza, y la fe, de que con el tiempo y la ayuda de Esperanza Aguirre, la asignatura de Educación para la Ciudadanía sea sustituida por “Cartas a un joven español”. Eso sí que sería un avance para la humanidad y no la rueda. La única rueda que ha ayudado al progreso del homo sapiens, es el vino de Rueda.
Vuelve, España te necesita. No sólo Santiago debe de tener la suerte infinita de acceder a tus sabias enseñanzas.
¡Quién sabe! Quizás un día adapten tu libro al cine y podamos ir todos al estreno de Raza, la secula. Por cierto, secuela es lo que se hace con un penalti cuando se lanza: se cuela o no.