La flor de Lis marchita
Hay días en los que hubiese sido mejor que la luna se hubiera cruzado entre el sol y la tierra y que las sombras nos hubieran impedido salir a la calle, que la noche se hubiera hecho cargo de las buenas almas y que alguien, de esos que cortan el bacalao, nos hubiesen obligado a quedarnos en nuestra casa.
Hay días afilados, puñeteros y homicidas que campan a sus anchas por esas carreteras de Dios; hay días que se acurrucan en las veredas ávidos de vida a la espera de alguna víctima que jamás hubiera de haber sido.
El sábado amaneció soleado como aquel día que llegó la galerna. El sábado amaneció festivo como aquel día que estalló la guerra. El sábado, si hubiese tenido un poco de sentido cívico, no tenía que haber existido: por decencia, por justicia.
No creo que hubiese cumplido los diecisiete. Tenía rizos con una fecha de caducidad que desconocía y seguramente estaba dando buena cuenta de alguna comida de esas que hacían las madres de entonces. Sonó el teléfono con ese sonido que ya perdimos. Lo descolgué al tiempo que saludaba. Al otro lado del hilo telefónico –frase que ya nadie usa- se me dio a conocer un tal José Félix, nombre que auguraba un buen comienzo pues mi nombre completo es Félix José: un tocayo capicúa, pensé. Me contó la idea que tenía de celebrar un torneo de fútbol interscout en Santander. Yo pertenecía al grupo scout Alba Lis, que figuraba dentro de la asociación SBP (Scouts Baden Powell), y él al grupo Bien Aparecida del MSC (Movimiento Scout Católico). Nunca se había organizado un evento entre las dos asociaciones más importantes de scouts de Cantabria, y dejándome llevar por el entusiasmo que José Félix desprendía generoso, nos pusimos manos a la obra. Nos reunimos, nos empeñamos y conseguimos organizar ese torneo de fútbol. Prácticamente todos los grupos de las dos asociaciones participaron haciendo de su porfía, de su iniciativa, momentos de convivencia, de alegría, y de una deportiva competencia que acuñaba ciudadanos para la educación y la ciudadanía.
El torneo lo ganó mi grupo, el Alba Lis, y yo gané el trofeo al máximo goleador. Teníamos un equipo que llegó a ser insolente a fuerza de ganar todo lo que jugábamos. Eran otros tiempos. Tiempos de rodillas peladas, de golpes de estado y de las tetas de Sabrina saltando como poseídas en el especial de nochevieja. Tiempos de lucha porque la democracia se hiciera cotidiana, porque los intransigentes perdieran opciones, y todo a fuerza de palabra y de convicción.
Acabó el torneo y en la entrega de premios José Félix y yo nos abrazamos cómplices por el trabajo bien hecho. Luego vino el Consejo de la Juventud en el que formé parte de la comisión gestora que le eligió por amplio consenso, como no podía ser de otra manera. Y pasaron los años.
La última vez, por ahora, que coincidí con José Félix fue compartiendo vuelo a Madrid. Fue hace dos o tres meses, no lo recuerdo bien. Él había hecho la mochila y se iba a Argentina, o a Chile, o a cualquier otro país latinoamericano; tampoco lo recuerdo con exactitud, perdón por la fragilidad. Charlamos durante esos minutos que tardas en coger la jardinera que te lleva del avión a la Terminal 4. Nos deseamos suerte y nos despedimos. Ahora recuerdo tocado en el alma la sonrisa perpetua que me dedicó en la despedida.
Desde el sábado los inmigrantes, los más necesitados, los pueblos olvidados, las comunidades marginadas y todos los que seguimos creyendo en la posibilidad de un mundo distinto, estamos menos acompañados, más encorvados, más viejos y menos ágiles.
Me sumo a ese dolor colectivo que impregna el nordeste en estos días puñeteros. Cruzo los brazos y abro las manos buscando otras manos que me ayuden a entonar “llegado ya el momento de la separación”. Me agarro a la vieja pañoleta sudada en buenas acciones. Grito al cielo para que mande consuelo, aunque no creo que haya, a la familia y a los amigos de José Félix. Y extiendo el pésame, desde esta redacción triste de Rakeros.com, a toda la parentela socialista.
Desde el sábado el mundo gira más despacio. Descanse en paz José Félix García Calleja.