El Guateque
No sé cómo andarán ustedes de capacidad de encaje. Supongo que como yo tendrán días. Días en los que todo te parece poco, días en los que todo te supera y días en los que pedirías que alguien pisara el freno de emergencia para detener el mundo y poderte bajar sin miedo a partirte la piñada contra cualquier bordillo puesto allí a mala hostia.
Pero vayamos por partes.
Lo de la Operación Guateque en el ayuntamiento de Madrid, además de ser algo que todos los que vivíamos en la capital del Reino sabíamos hace un montón de tiempo, no hace más que evidenciar la corrupción que habita entre nosotros y la lentísima capacidad de la justicia para hacerse valer. Posiblemente al final esa justicia tetrapléjica ponga a esos marranos en su sitio, que no es otro que la cárcel, pero hasta ese momento muchas personas que no tenían más intención que montarse un negocio para el cada vez más difícil arte de sobrevivir, han tenido que pasar por el aro algunos y claudicar de sus intenciones, otros. Personas que volcaron sus esfuerzos y sus ahorros para crear un negociete con el que pelear por el pan de su familia y la educación de sus hijos. Ciudadanos que cumplían escrupulosamente con la absurda burocracia y que fueron chantajeados sin ningún escrúpulo a la vez que sonaban por esos despachos del demonio carcajadas de esas que sueltan los que tienen la sartén por el mango.
No sé a ustedes pero a mí el abuso de poder, el chantaje técnico de funcionarios públicos y los superpoderes, me corroe hasta el tuétano.
Mientras unos chupan de la tetilla de la ubre de esta vaca que todos alimentamos, otros se afanan para emprenderse en aventuras empresariales jugándose el porvenir. No sé a ustedes, queridos lectores, pero a mí me indigna hasta la blasfemia.
A uno, a veces, no le queda más remedio que acabar dando la razón al doctor House cuando sentencia aquello de que todos los pacientes, absolutamente todos, mienten sin pudor.
Vivimos en una suciedad, perdón quise decir sociedad, en las que las ideas, los valores éticos y el respeto al prójimo están sometidos a las presiones salariales. Como dijo algún ilustrado “es muy difícil hacer entender algo a una persona cuyo salario depende de que no lo entienda”.
La mayor preocupación que se tiene cuando se destapan corruptelas y chantajes es en qué medida se siguen produciendo y cuántas de estas acciones deplorables campan a sus anchas.
Nos roban, nos engañan, nos chulean. Las grandes empresas de telefonía, de servicios –agua, luz, gas-, las burlas bancarias, etc., pasan por encima de los humildes usuarios sin posibilidad de defensa inmediata y haciéndonos tragar toda la mierda que desean bajo la amenaza de cortarte el ritmo normal de tu vida o incluyéndote en no sé que lista de morosos que te puede fastidiar por no sé que temas de futuros créditos. Ya no te amenazan con mandarte a galeras, o al exilio, no. Te amenazan con impedirte movimientos futuros. “Vale, no pagues, pero cuando necesites un crédito, que lo necesitarás, date por jodido”.
Si a un yonqui por robar en una farmacia paracetamol y doscientos euros le mandan cuatro años a la cárcel ¿qué pena debería cumplir aquellos que roban miles de euros, el sudor del trabajo de una familia y los sueños de gente de bien? No soy jurista, pero un día como hoy en el que todo me molesta y me producir picores, por mí, que se pudran el cárcel.