Querido año 2008

Este “Surtido de ibéricos” tenía que haber visto la luz a finales de Diciembre, pero ya estamos en Navidad y ya huele a Eurocopa 2008 -vean sino la tele y sus presagios-. Y yo, mortal y debilucho hasta la carga máxima autorizada, no he podido evitar la caída en brazos del consumismo contumaz. Es lo que tiene eso de convivir con una mujer de 3 años que no ve más allá de los juguetes que habrá de pedir a los Reyes Magos. Seguro que ustedes ya han hablado de la cena de nochevieja y ya les huele a despedida. Y además, les digo una cosa: si esto lo hiciese el 31 de Diciembre sería ordinario y yo seré muchas cosas, pero antes muerta que sencilla. O a lo mejor es que ya estoy hasta las pelotas de este año y tengo ganas de que acabe.

Estás aquí. Ya te huelo. Te presiento cargado de aire fresco. Te presagio lleno de bienes y sosegado, pero antes de hablar contigo y de suplicarte, me gustaría despedirme de este 2007 al que me dispongo a hacer la autopsia.

Año impar, me has dado lo que dispusiste y no me quejo por ello, es más, no voy a enumerar lo que esperé de ti y no llegó en el devenir de tus trescientas sesenta y seis arremetidas. Soy más de pedir perdón por los errores que cometí o por las veces que me quedé a doscientos metros de la meta: trata de arrancarlo, Carlos, por Dios. Soy más de conformarme con lo recibido que de amargarme con las codicias no satisfechas. Por esto, y con propósito de enmienda, pido perdón si me llamaste al móvil y no lo cogí. Y porque no te devolví la llamada cuando apareciste en “llamadas perdidas”. Pido perdón a mi amigo Miki por sacarle un billete de avión para un día después del día que tenía que haber viajado. Perdón por comerme las uñas a sabiendas de que te molesta. Perdóname si hice un chiste, o una broma, que más que sonrisa produjo incomodidad. Aquella vez que anulé esa eterna cena que nunca zamparemos, mentí al decirte que mi mujer se había puesto mala, y por ello, pido perdón. Si esperabas flores y en su lugar recibiste mi ausente fragancia, perdóname, ya sabes que el universo de las pituitarias nunca fue mi fuerte, pero no es disculpa suficiente, lo siento. Pido perdón. Por el tiempo, las horas, los minutos que tenía que haber quemado contigo mirando el mar y desprecié empeñándome en entender al Racing. Pido humildemente perdón por obcecarme en quererte, en mimarte, en notar que soy lo más importante de tu vida y a la vez, fallarte tanto. Porque siempre que vamos a cenar llego a casa con un montón de mecheros que les robé a mis amigos durante el festín, pero os juro que lo hago sin querer. No soy consciente de ello y también pido perdón. Y por último, pido perdón por olvidar pedir perdón por aquello que no te gustó de mí. Si te ofendí, si te insulté, si te molesté a sabiendas o no, pido perdón.

A ti 2008, te rogaría encarecidamente que no vengas de gallito. Que traigas buen talante, que tan de moda está, y consensúes tus intervenciones con todos los afectados. Buen tiempo. Fiestas y algarabías. Días de risa y de brindis, y no estaría de plus, algo más de solidaridad. Buena cosecha y de alta calidad para los que trabajan sus vidas con sus manos. Parabienes y sudores amantes. Te suplico que seas sumiso y obediente, sino me veré obligado a plantarte cara y te advierto de que tengo fuerzas suficientes para vencerte, a pecho abierto, como he hecho con el resto de los años de mi vida. Tú mismo.

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