Números, números
Miren, queridos lectores, estoy tan cansado, tan asqueado y tan aburrido de lo mismo repetido hasta la impertinencia, que buceando en esos archivos silentes que desde años me acompañan, he encontrado un monólogo de Sinacio, un amigo y compañero de noches teatrales, que me ha recuperado de este cerebro, cada vez menos rugoso, momentos sublimes de solidaridad y alegría. Le actualizo y se lo brindo en nombre de la sonrisa.
Hoy es veinticinco del uno de 2008, son las 12:15. Tengo 41 años, mido uno setenta y nueve, 84 kilos, calzo un 42 y centímetros… veinte como todo el mundo. Mi móvil es el 639 897645. Vivo en la calle Carlos III, numero 54, en el quinto numero cuatro. 28015 Madrid. Tengo un 205, 1300, 4 puertas. Me gusta la pizza 4 quesos, el arroz tres delicias, el jamón cinco jotas, el güisqui 100 pipers y el licor 43. Veo siete vidas, ana y los siete… y el otro día en una carrera de 1500 metros quedaron: Juan Carlos I, Juan Pablo II, Rumba Tres, Bordón cuatro y Benavente Jacinco. Mi muñeco preferido es Pinocho … Y estoy hasta los huevos de los números.
Somos gilipollas. Sí, gilipollas. Nuestros padres se fueron entrampando, comprando cosas a plazos y se pasaron la vida agobiados por las letras. Mi padre compró un Telefunken y estuvo toda la vida pagando letras. Paga hasta Telefun. EL ken me lo dejó en herencia y lo tuve que pagar yo. Toda la vida agobiados… ¡¡¡Por las letras!!!
Y ahora, nosotros, que nos hemos librado de las jodidas letras… vamos y nos agobiamos… con los números. Lo dicho, somos gilipollas.
No nos damos cuenta pero nos estamos dejando dominar por los números. Vosotros os habéis fijado en la cantidad de especies de números que nos rodean. Los números enteros, los naturales, los imaginarios, los reales, los primos, los positivos, los negativos, los decimales, los pares, los nones… los impares inclusos. El numero PI. Que hasta te avisa ya de que es peligroso: piiii.
Toda nuestra vida esta rodeada un números. De números clave que nos tenemos que aprender… la ostia de claves. La clave del pin del teléfono, la clave del pin2, por si lo prestamos, la del PUK por si lo perdemos. La clave de la tarjeta del banco, la de la visa, la de la master card. La clave de la conexión a internet, la del password del email, la de la banca telefónica, la de contestador automático… para todo hay una clave, joder. Parece esto el programa de Balbín.
¿Pero quien coño se puede aprender tantas claves?. Es imposible, no hay quien se acuerde…. Así que encontramos una solución mágica. Le ponemos a todo el mismo número. El del día del cumpleaños: 2804. Que listo soy… Luego llega un chorizo, te manga la cartera y como tienes tu cumpleaños en el DNI, te liquida todas las cuentas en 10 minutos. “A mí no, porque yo llamo al número de tarjetas perdidas y las anulan todas”. “Ah, pues llama”. “Es que no tengo el numero, lo tenia en la cartera”. “Lo ves?? Gilipollas!!!!”
Y es que esa es otra. Los números telefónicos. Toda la puta vida cambiándolos. Es verdad, cuando nos hemos aprendido el número de los bomberos van y lo cambian. Al 112 ese. Y la policía igual. Con lo que molaba el 091 y ahora ponen esa mariconada de número. Antes decías, “qué llamo al 091” y se acojonaba la gente… ahora dices, “qué llamo al uno uno dos”, y te dicen “uyssss que te tronchas”…. No te jode, que mierda de número.
Y todavía pasar del 091 al 112 es un salto de 21 números. Pero pasar del 003 al 11850 son 11847 números de diferencia. Aquí alguien se lo esta llevando muerto.
Y lo de poner el prefijo delante, que ya no te sabes ni tu propio número: “¿Tu numero es el 91.44.86.96.0?”. “No, mi número es el 91.448.69.60”. “Pero si es el mismo…”. “Coño pues dilo bien. Junta los números como los junto yo. Que así suena distinto y me lías”.
Qué complicaciones, joder. Antiguamente descolgabas y salía la telefonista y decía “número” y tu decías, “con los bomberos”. Y sin decir número ni nada te ponían con ellos.
Tú vas al mercado y tienes que coger un número cuando toda la vida el turno se cogía con una letra: La B. “¿Quién da la B?”. “Yo hijo, yo”. Y te daba la B.
Si es que somos gilipollas, ya te digo. Y es por los números que nos tienen sorbido el seso. Yo solo lo aviso. Hay números que se han hecho famosos y no sabemos porque tienen tanta fama.
¿Por qué es famoso el 33? ¿Por qué lo usan los médicos de la garganta? Que al mismo tiempo que te mete un palo en la lengua te dice: “Diga 33”. “Deinda y dres”. “¡Qué Diga 33!”. “Deinda y dres”. “Que diga 33”. “Pues sácame el palo de la lengua que te voy a meter yo un palo por el culo y te voy a pedir que me digas 25, por el cu…”.