Tomatá que tomatá

Ya lo dicen los chinos: en esta vida se cumplen todos los plazos. Y queramos o no queramos, este axioma asiático es irrefutable y palmario. El tomate vespertino que aderezaba la ensalada televisiva llega a su fin. El ataúd en el que descansará ya se encuentra disponible para recoger el cuerpo inerte que tanto dio que hablar, que tanto dio que escribir y que tanto dio y tanto arreó a diestro y siniestro.
La retirada del Tomate por parte de Telecinco, se mire por donde se mire, ha cogido a todos desprevenidos, y la sorpresa, agradable para algunos miserable para otros, ha dejado aturdidos a sus más fieros enemigos y a sus más fieles seguidores.
Cierto es que sus adeptos han ido disminuyendo en número y en agresividad, y gran culpa de este lánguido trayecto la tiene, entre otros, los colores y los sonrojos que desde “Sé lo que hicisteis…”, el programa de La Sexta, fueron provocando, de manera constante y persistente, como el calabobos, en las mejillas de sus promotores, presentadores y programadores.

No sería justo obviar las excelencias del Tomate: sus contenidos agresivos, su ritmo vertiginoso, su humor ácido, su dirección impecable y su realización contundente. Caminando, divagando, -y en algunos casos difamando como así sentenció la justicia-, en el filo de la navaja más afilada que nadie se atrevió a empuñar, el Tomate ha dado momentos de plebeya diversión, de excepcional jarana y, a veces, no pocas, de indecente moralidad; pero en estos días de lluvia ausente, tampoco es para rasgarse las vestiduras.

Ha habido tantos enganchados, tantos adictos al programa de Telecinco, y de tanta diversidad, que algo bueno han tenido que hacer. Que cinco años no es nada -veinte lamentaba el tango-, pero lo cierto es que televisivamente hablando, tal cantidad de emisiones no está al alcance de todos. Está al alcance de muy pocos, de unos elegidos; no sé si para la gloria o la pira purificadora, pero sólo un puñado de ellos consiguen mantenerse un lustro en primera línea de combate.

Y con el portazo tomatero parece que baja el telón de los programas que, con tanto odio y mala baba, muchos calificaron de telebasura sin mirar lo que tenían debajo de las suelas de los zapatos. No hay mayor democracia que la que otorga el mando a distancia del televisor. No hay mayor libertad, aunque muchos se empeñen en calificarla de precaria osadía, que la que ejerce uno en su casa al abrigo del total escarnio público por ser, sentir o desear lo que se quiera ser, sentir o desear.
Miro a mi alrededor y veo tanta mierda acumulada en los rincones de la urbanidad establecida, que me parece tan hipócrita y tan cobarde esa disposición a fusilar ciertos programas de televisión, que me produce nauseas.

Cuántos famosetes de medio pelo han perdido, con la huída del Tomate, el cepillo que usaban para peinarse la caspa que tanto picaba. Cuántos populares han extraviado un foro en el que dar a conocer lo que interesaba en el momento preciso. Cuántas bocas han extraviado el micrófono que utilizaban para dar volumen a sus peticiones. Y también, es cierto, cuántos han recobrado la calma con la noticia del cese de actividades tomateras. Descanse en paz.

La televisión, como las mareas, cambia al antojo de los influjos lunares, y hoy en día la oferta televisiva es amplia, variada y diversa. Sólo se podría exceptuar el abuso que se está haciendo de los programas denominados talent show, que acosan la parrilla televisiva. Sólo un par de estos programas “caza talentos” acabará ganándose las gracias del público, y el resto desaparecerán. Así es la televisión de implacable.

No quiero despedirme de todos ustedes, queridos lectores, sin hacer referencia a la propuesta del señor Zapatero, que no del PSOE, de devolver 400 euros a una parte de los contribuyentes. Y digo que no es una propuesta del PSOE porque hablando con algunos miembros del partido me he encontrado con la misma incertidumbre e incredulidad ante la oferta de Zapatero que he encontrado en los partidos de la oposición.

Creo que no se debe hacer un debate sobre una propuesta estúpida, insolidaria y oportunista. Tan sólo señalar que alguien, cercano y con peso específico, debería sentarse con el Presidente del Gobierno, ofrecerle un chupito de Sierra del Oso e invitarle, con todo el cariño, a que visite a un especialista, porque este tipo de alucinaciones puede deberse a un problema neurológico. Pero no seré yo quien lo asegure, aunque lo sospeche.

Recuerden, queridos lectores, que todos los jueves tenemos, si lo desean, una cita en estas páginas preñadas, por mucho y mucho que digan, de libertad. Les quiero.

2 Respuestas a “Tomatá que tomatá”

  1. Requetedesi Dijo:

    uyuyuyuyuyyyy hay una gran fiesta jaja,lastima que Gargamel(Mermelada,Shin chan,J.J.)no va a desaparecer pero por lo menos va a salir menos.

    Y lo de cejitas(ZP),lo que pasa es que ve mucho futurama y los que lo vean sabrán a lo que me refiero.

  2. Requeterevilla Dijo:

    “(ZP)”, mal vamos si lo tiene que explicar… en su línea la requete.

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