La última oportunidad

El pasado lunes, mi amigo Claudio Acebo me invitó a su Avispero de la Cope para conversar sobre el debate, el primer debate, que enfrentaría a los dos candidatos de los principales partidos políticos. Esa tarde primera de esta semana que vuela, comenté que el primer cara a cara de Zapatero-Rajoy iba a transcurrir por una vereda tranquila donde los candidatos iban a procurar, como si se tratara de una semifinal de Copa del Rey, marcar algún golillo y, sobre todo, mantener su puerta a cero. Ese el principio básico que hay que mantener para conservar sus aspiraciones intactas en la búsqueda del triunfo que sólo se conseguirá, como si se tratase de una semifinal de la Copa del Rey, en el partido de vuelta, es decir, en el segundo debate que se celebrará el próximo lunes. Creo que acerté en mis apreciaciones.

Esta campaña, a la que le quedan 9 días de trote, discurre por senderos mucho más tranquilos y bastante menos crispados que aquellos caminos por los que anduvo la propia legislatura. Y es que ambos candidatos podría entretenerse durante días lanzándose al hocico toda la ropa interior sucia que han acumulado durante estos cuatro años de errores, de acusaciones durísimas y de planteamientos casi paranoicos, mientras la economía, gracias a la coyuntura internacional y al trabajo de los españoles, navegaba sola por cauces de crecimiento como nunca habíamos vivido. Pero tengo la sensación de que el lunes, en el segundo enfrentamiento, el tono de ambos contendientes va a subir muchos decibelios.

Primero porque Zapatero y su elenco de asesores, después de dar en el primer debate la imagen de un presidente que desde el sosiego, preocupado por la realidad del país e intentando contar las excelencias de su mandato –imagen que han conseguido llevar fielmente a los votantes-, tendrá que pasar a la imagen de un candidato que con autoridad inequívoca, frente al acoso de Rajoy, se postulará como el único capaz de evitar la vuelta de la “derechona”, a la que siguen pintando en blanco y negro mientras silban la sintonía del NO-DO. Y aunque queden restos arqueológicos de esa especie, ya no es ni mayoría ni pudiente en el Partido Popular.

Y segundo, porque a Mariano Rajoy le ha ido bastante bien la estrategia del primer debate y sería absurdo modificarla. Lejos de esto, y previendo la subida de tono de Zapatero, a Rajoy no le va a quedar más remedio que echarse al monte. Y me temo que los fantasmas que amenazaban España con una ruptura inevitable, circularan por los alrededores de Olga Viza sin que pueda hacer nada por evitarlo. Y pintará a los socialistas de color rojo sangre y con rabo y cuernos descomunales, y estos hace mucho tiempo que dejaron de habitar entre nosotros.

Es decir, que nos encontramos, más o menos, a mediados de los ochenta. Pero ni España se rompe, ni vuelven los sables.
Ya no cabe buscar votos en los datos ni en las propuestas. Porque los datos, en estos tiempos de incertidumbre, son agua pasada que no mueven molinos, favoreciendo o perjudicando a unos y otros por igual, y porque las propuestas se parecen tanto a las subastas de feria que pierden credibilidad las plantee quien las plantee.

Como en una semifinal de la Copa del Rey, estas elecciones se van a decantar por pequeños detalles, y ellos lo saben. El próximo lunes se juega el partido de vuelta y chimpúm. No hay más oportunidad, salvo patinazo de última hora de alguno de los contendientes –cosa que no es improbable-, y todos lo saben. Se trata de buscar el voto emocional y el mejor de los escaparates es el segundo debate. El último de Filipinas, el último mohicano, el campana y se acabó. Por eso presiento que Zapatero y Rajoy, Rajoy y Zapatero, buscando ese voto indeciso, lanzarán todas sus cargas de profundidad procurando reventar, o por lo menos hacer fisuras, en el casco del contrario.

Ni Zapatero ha perdido, ni deberían haber abierto cava en Génova.
Antes de despedirme permítanme una reflexión: Creo que dentro de veinte años recordaremos esta legislatura que agoniza como una de las que más avanzó en libertades individuales y sociales. Y no es moco de pavo.

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