El frio y Aznar
26 Marzo 2008, escrito por FélixMe levantaba de la cama a eso de las nueve y cuarto de la mañana, me engullía el Colacao de turno, me cepillaba media tableta de chocolate Dolca, cogía la cartera con los libros que tocaba utilizar, me peinaba –hubo un tiempo en el que me peinaba- y después de quitarme las legañas a golpe de agua y jabón emprendía marcha, desde “Las Antenas” que soberbias vigilan desde General Dávila, hacia el colegio, hacia Los Salesianos.
Una trenca, o un chubasquero amarillo a juego con las katiuskas, me acompañaban desde octubre a mayo con el simple objetivo de evitar que el agua, constante y cantábrica, me empapara hasta los huesos. Cientos de días, a pesar de las advertencias de mi madre, la trenca o el chubasquero amarillo eran utilizados para delimitar los postes de la imaginaria portería en la que tenía que impedir que entrara el balón enemigo y, claro, dejaban las prendas de lado su misión de protección. La carretera hacía de improvisado terreno de juego y los coches, escasos por entonces, nos obligaban a detener el partido para permitir su transcurrir. Y llovía ¡Joder si llovía! Pero el agua cansina y pertinaz nunca detuvo nuestros juegos infantiles. Si hubiéramos cedido ante la humedad cotidiana, jamás hubiésemos jugado a nada que no fuese pintar en casa monigotes en un papel cuadriculado o de doble raya. Y a nosotros, a los niños de mi generación, nos gustaba la calle más que a Pipi la televisión. Y así aprendimos a convivir con la lluvia y con el chirimiri, con los mocos y la tos. Y aquí seguimos, vivitos y coleando. Pero cambian los tiempos como cambian nuestras ideas, y lo que antes era el cotidiano devenir de los días repetidos, se ha convertido en noticiable. Que venga una pequeña ola de fría en marzo, sobre todo después de un invierno que no pasó de mediocre otoño, o que venga calor en agosto, aunque julio no pasara de ser una primavera obtusa, se ha convertido en una auténtica odisea, en un puñetero desvarío meteorológico y, a pesar de todo, el primo de Rajoy no ve que las cosas hayan cambiado.



