Sólo es un deseo
Pues ya está. Ya pasaron tristes y negras las elecciones, se escurrió la campaña electoral –bastante más tranquila que la propia legislatura-, ETA vertió su inconsciencia y su barbarie, apoyada por hijos de puta, en el corazón de todos los socialistas y españoles de bien que palpitaba en el pecho de Isaías Carrasco y España decidió en las urnas. Dejo a los especialistas el análisis de estos resultados y aunque, como casi siempre, todos ganaron, a excepción de Izquierda Unida y ERC, lo cierto y contundente es que José Luis Rodríguez Zapatero ha reafirmado su liderazgo dentro del PSOE y del gobierno de España, y que a Mariano Rajoy, a pesar de sus intenciones de continuidad, le van a crecer montones de enredaderas por las paredes del edificio de la calle Génova.
Y debiera de comenzar una etapa nueva en este país. Una etapa sin conspiraciones, con una clara y concreta política territorial, sin la utilización del terrorismo con fines partidistas y sin cesiones absurdas, sin alarmar ni calentar a la población con lemas incendiarios y sin ocultar o minimizar datos económicos, y sin las interferencias de ciertas asociaciones civiles que procuraron impedir el democrático y normal desarrollo de la acción de gobierno, que como en cualquier otro país democrático, lleva a cabo el gobierno elegido por el pueblo. Por supuesto que Zapatero tiene que gobernar sin dar la espalda a los diez millones de votos que hacen del PP el partido en la oposición con más fuerza de la democracia, pero también con el respeto a su programa electoral y a sus electores, que suman un millón más que las papeletas populares.
Zapatero tiene que esforzarse hasta el agotamiento por acercar posturas con los populares, por conseguir pactos de estado en los temas más delicados e importantes, que se distinguen nada más asomar el morro por la ventana, y por encajar los bolillos, por difícil que parezca, que den como resultado la pacífica convivencia entre las diferentes sensibilidades que conforman este galimatías que se llama España. Pero hay que pedir la misma disposición, las mismas ganas de dejarse el aliento y el mismo sentido democrático al primer partido de la oposición así como a los partidos nacionalistas, que parecen ser los destinatarios de los pactos que propondrá Zapatero.
Con estos nuevos resultados electorales, esa sensación que muchos tenían de que Zapatero era un presidente accidental, se ha difuminado el pasado domingo. Ahora con toda la legitimidad, que yo nunca dudé, Zapatero se enfrenta a una legislatura con toda la razón que le han dado las urnas y donde las promesas se acumulan a la puerta del pasillo.
Mientras tanto, Mariano Rajoy deberá prestar esos cien días de sosiego que se le da a todos los gobiernos elegidos y bastante tendrá, tendrá más que bastante, en trabajar en la contención de los muros de su castillo, que alguno verá de arena.
También sería deseable, e incluso necesario, que algunos grupos mediáticos bajasen el volumen de sus discursos apocalípticos y, como en el caso del 11-M, vergonzosos y falsos.
El caso es que el carro sigue lleno de gente, cada uno de su padre y de su madre; si bien es verdad que pensando en más de uno me asaltan dudas de que tuvieran madre, o si ésta era de respetar. Pero esa es otra historia. Ahora sólo quiero despedirme deseándoles una feliz legislatura y que este galimatías que se llama España, dentro de cuatro años, vaya mejor. Pero no se fíen, esto es sólo un deseo.
17 de Marzo, 2008 a las 02:42
Menos mal que yo no puedo votar porque sino yo creo que hubiese votado en blanco.
19 de Marzo, 2008 a las 21:36
Pues yo sí voté y ganó Zapatero que era lo que quería.
21 de Marzo, 2008 a las 17:54
Felisuco los de la Autoridad Portuaria han publicado en el Boe el concurso-subasta para gestionar la lonja de Santander. Se han olvidado de los empleados despues de tres años de tenerlos a algunos sin trabajo y a todos sin cobrar. ¿Vas a publicar algo sobre el tema?, por cierto, un año después la fábrica de hielo sigue en pruebas regalando el hielo.