Filípides
Cada vez quedan menos días para que empiecen los juegos olímpicos que se celebrarán en China y, evidentemente, todo el espíritu que se acuñó en aquellas primeras olimpiadas ha quedado pisoteado y sometido a los cuernos más dolosos que Filípides pudo imaginar. China pisotea y se pasa por el forro de sus mandarines los derechos humanos, somete a su población a vejaciones en nombre del bien común, masacra a los tibetanos como quien pisa un hormiguero, y, mientras, todos los del mal llamado primer mundo, locos por meter las narices en ese mercado impresionante buscando beneficios más pingües, mercados más productivos y pasamos “olímpicamente” de lo que allí pueda ocurrir. Dame pan y llámame tonto. Pero no me apetece desvirtuar esta tarde tranquila en pos del liberalismo más caníbal; prefiero recordar aquella gesta que un tal Filípides, en Maratón, tras recorrer 42 kilómetros, dejó en la historia de esta humanidad que continuamente da síntomas de carecer precisamente de eso, de humanidad.
A ver. Esto del maratón surgió porque, en la antigüedad, los griegos libraron una batalla con los persas en la llanura de Maratón, batalla que ganaron los griegos. Como querían anunciar la victoria en Atenas, mandaron un mensajero para que fuera corriendo a contarlo. Así que parece ser que mandaron a un tal Filipides a anunciarlo en Atenas. Este se pegó una paliza de un montón de kilómetros a correr y cuando llegó, dijo: “¡Alegraos atenienses, hemos vencido!” Y luego falleció de agotamiento. Es decir, que el maratón tiene su origen en la necesidad de mandar un mensaje. Si hubiesen existido los teléfonos móviles el maratón no existiría, porque el general griego de turno hubiese cogido el móvil y enviado un sms a Atenas: “Batalla de Maratón ganada. Kedada para celebrarlo enfrente del Partenón. Pásalo”.
No, perdonadme el cachondeo, pero es que me hace gracia esta leyenda. Porque todo esto es una leyenda fijo. Y, si no lo es, se me plantean bastantes dudas. Por ejemplo. Yo no sé si a los atenienses les quedó claro el mensaje. Porque dijo “hemos vencido”, pero no dijo en qué ni a quién habían vencido: “¡Alegraos atenienses, hemos vencido!” Imaginaos a los atenienses mirando fijamente al otrora vivo: “¿Hemos vencido? ¿En qué?”. A lo que el ateniense que todo lo sabe respondería: “Debe ser el AEK, que tenía partido de Champions ayer.”.
Que, para más complicación, digo yo que después de darse la paliza corriendo, el pobre no podría haber dado el mensaje con claridad. Lo único que pudo decir, si acaso, después de un esfuerzo como ese, fue, como mucho: “¡Aferarlof-arfenientes, femovfr frenvfifo!”. Ante lo que los sorprendidos griegos se preguntarían: “¿Qué ha dicho?”. “Creo que tiene frío.” “¡Qué va, está contando un chiste de Arévalo! ¡El del gangoso y la alcayata!”.
Que esa es otra. El tal Filipides, muy listo no debía ser. Ya me contaréis vosotros qué persona con dos dedos de frente se ofrece voluntaria para ir a una misión así: “¡Pelotón, a formar..! Necesito un voluntario para ir a Atenas a llevar un mensaje. Eso sí, tendrá que ser un buen atleta, porque son más de cuarenta kilómetros corriendo. ¡A ver.. Aristóbulo, tú que eres deportista!”. “¡Si pero es que yo soy más de petanca, mi general!”. “¡Bueno, pues Aquiles!”. “¡Yo es que estoy lesionado, que tengo un problema de talón!”.
Que también yo digo voluntario sin saber mucho, que a lo mejor el pobre fue a la fuerza: “¡¡Recluta Filipides!!”. “¡A la orden de vuecencia, mi teniente coronel!”. “¡¡Te coges y te vas a Atenas y dices que hemos vencido!! ¡¡Y te vas corriendo, que hay prisa!!”. “Ehem… Esto… Con el debido respeto, mi teniente coronel… ¿Y no sería más sencillo hacerlo con un caballo?” “¡¿Tú eres tonto..!? ¡¿Cómo va a decir un caballo que hemos vencido, si los caballos no hablan..!?”.
Por eso yo creo que eso del Filipides después de la batalla de Maratón es una leyenda. Pero bueno, en cualquier caso, ha servido para inspirar el moderno maratón ¡Oye, qué bien me ha quedado esto! “Ha servido para inspirar el moderno maratón.”.
Que, por cierto, lo ha inspirado mucho. Quiero decir, la cantidad de gente que se apunta a esto del maratón. ¡Mucha! Aunque, eso sí, no acaba de convocar a tantos participantes como otras disciplinas atléticas, yo que sé, la marcha por ejemplo. Y es que los españoles somos más de marcha.
Pero funciona bien. Hasta hemos tenido campeones mundiales y olímpicos. Y no como en otras disciplinas. Por ejemplo: Lanzamiento de disco. En lanzamiento de disco los españoles nunca ganamos nada, y yo creo que es porque no mandamos a las competiciones a los representantes adecuados. Que manden a Bisbal o a Bustamante, que esos si que son unos hachas en el lanzamiento de un disco.