Mi amigo de 42
29 Mayo 2008, escrito por FélixTengo un amigo que acaba de cumplir 42 años. Así, como quien no quiere la cosa. Apenas recuerda sus correrías por las calles que habitaba y no tiene conciencia de lo que el futuro le puede deparar. Y claro, como a cualquiera de nosotros, esto le crea ansiedades y grises que nunca son cómodos de llevar a cuesta, pero a las que estamos más que a acostumbrados, y mi amigo más que nadie.
Mi amigo, que es una de las personas con las que primero hablo cada día que despunta, me cuenta con una expresión grave y con una mirada cargada de puentes cruzados, que está cansado y que sus movimientos, cada mes que arranca del calendario de las componentes, en pelotas, del equipo del barrio de petanca rítmica, son más lentos e inexactos.
A mi amigo, el incombustible, quizás por el precio exagerado del petróleo y hagan sus apuestas, cada alborada le es más difícil poner en marcha el motor que siempre, y sin toser, le empujó. Y que su cabeza, la preclara, tiene serios problemas para mantener el optimismo que le daba viveza y color a sus ojos.


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