Policías americanos
En esta edición de Rakeros, harto, dolorido y cansado, les propongo que se echen unas risas con una disertación filosófica sobre la policía americana. Esa policía que, de una manera cotidiana, se nos ha metido en las retinas a fuerza de verla en las películas de Hollywood. Mi amigo Goyo Jiménez es el autor de esta pajilla mental y al le deberán las sonrisas que les provoque. Perdón por la ausencia y disfruten.
Yo era policía en América, pero al final lo he tenido que dejar porque… Era muy complicado.
Nada más llegar, me dieron una casa muy chunga. Bueno, digo “casa”, por llamarla de alguna manera, porque los policías americanos tienen forzosamente que vivir en sitios raros: Una nave industrial, una caravana, o barco, no sé… Es obligatorio, en serio. Va en el contrato de policía. Y en el de bailarina de Flash-Dance… A mí me toco una autocaravana pequeña. De hecho era tan pequeña que parecía más una motocaravana.
Además, me exigía que lo tuviera todo ¡¡hecho un asco!!… ¡¡Lleno de revistas viejas, cajas de pizza y latas de cerveza vacías!!… Y me obligaban a usar radio-despertador, ¡qué asco!… Allí todas las emisoras son “KR…algo”, el locutor habla follao, y hace chistes de polacos y judíos, que, si tú hablas americano, los entiendes y te mondas de risa, y empiezas bien el día. Pero si lo hablas como yo, que aprendí en la academia “Venancio’s School”, quinientas de matricula y dos mil por curso completo… Pues eso.
Mi primer destino fue como… Subrayador, que consistía en la tontería esa de repasar con tiza los cadáveres. Que ya ves tú, si son sádicos, que no les basta con que el hombre sepa que está muerto, sino que encima se lo remarcan. Lo que pasa es que a mí nadie me avisó de cómo se las gastan los asesinos por allí. ¡No veas! ¡Treinta y un muertos! ¡No, si los americanos cuando hacen algo lo hacen a lo grande! El caso es que yo sólo llevaba una tiza, se me gastó, y tuve que señalar ocho cadáveres con salivilla, y al ver que se borraba, pues… los amontoné un poco, para que me entrasen todos en el mismo subrayado, y, ¡me montaron un pollo! ¡Y en cambio, al forense no le decían nada por comerse un sandwich y echar las migas encima de los muertos!
Total, que me pusieron de perseguidor, y yo me liaba por culpa del sistema que siguen allí, que nada tiene nombre, que todo son números: “Central, aquí Adam 18. Tenemos un 3- 14. Perseguimos un Chevrolet verde del 87 por la 114 esquina con la 79… Individuo indoeuropeo, 33 años, sospechoso, armado con revolver calibre 45” ¡Joder! ¡Qué les costaría decir: “Central, vamos a ver, soy Álvarez, vamos detrás de un Seat viejo… Espérate, que no sé si es un 127 o un 131… ¡Bueno, mira, es verde!… Vamos por la calle, o sea, cómo se llama, ésta que hay una ferretería que hace chaflán… ¡Joder, Central, si lo tienes que saber! Bueno, mira conduce uno con cara de quinqui que yo pa mí es el de la joyería…”
Eso sí, lo de perseguir es divertido porque como la gente allí tiene la sangre de horchata, les empujas y en vez de acordarse de tus muertos, como debe ser, te dicen: “¡Hey, amigo. Mire por dónde anda!…” Y lo sacas del coche por el pescuezo para perseguir al malo, y como mucho te sueltan: “¡Oiga amigo! ¡¿Se ha vuelto loco!?” prueba tú aquí a coger a uno por el cuello en la calle San Fernando que como poco te dice: Me cago en la madre que te parió, al tiempo que te pone la cabeza sobre el capó del coche, eso sí, a una velocidad endiablada.
Es que tienen una forma muy rara de hablar. En América, cuando exclamas, sólo puedes decir: “¡¡Joder!!” O, como mucho: “¡¡Mieeerda!!”
¡Y ya hay que ser gilipolllas, el sospechoso, el carrerón que te hace pegarte, sabiendo que lo vas a coger donde siempre: En el callejón sin salida, agarrado a la valla metálica como una salamanquesa!
Y reza porque sea un delincuente normal, porque, ¡cómo te toque un psicópata, tela lo pesados que son con las llamaditas: “Jaque en ocho” “¡¡¡Déjame dormir!!! ¡¡¡Que soy español!!! Te entendería si me dijeras: “Soy Hannibal el Caníbal. Me como a ésta y me cuento 25”…O, “tres muertos en raya”. O, “de oca a oca, y rajo porque me toca”…
Espérate, que lo llevas a comisaría, y, allí no hay quien trabaje con el jaleo: ¡Un rebullir de prostitutas, pandilleros y vagabundos borrachos!…¡Y a las diez de la mañana!… ¡Se concentra uno más en un after hours, hombre!…
No como aquí, todo orden y concierto… Pones tú papel de calco… CLEC-CLEC-CLEC… “Hallándose presente… CLEC-CLEC-CLEC… El infrascrito… CLEC-CLEC-CLEC… Del susodicho… CLEC-TCLIN…”
Para colmo, nada más entrar, te cruzas con McCormick, que te dice: “El jefe quiere verte… ¡Y está que echa chispas!”
El jefe está siempre cabreado porque “le hirieron en Vietnam”, “tiene una úlcera que le agravan los de Asuntos Internos”, y se le va el sueldo “en pagar a su exmujer, que está en Denver con los niños.” Y la bronca siempre acaba: “¡¡Joder, si no fueras uno de mis mejores hombres!!… Me parece que estás demasiado implicado en este asunto… ¿Por qué no te tomas unos días de vacaciones?”
Así que le tire la placa y el arma y me pedí un traslado a la policía española, a ver si hay suerte, y me ponen a vigilar donde haya una agencia de modelos… Eso sí, de policía de proximidad.
Autor: Goyo Jiménez.
6 de Mayo, 2008 a las 20:00
Las películas norteamericanas estan llenas de tópicos hasta el punto de hacerse previsibles para los que nos hemos tragado muchas horas de series o de cine. Pero seguramente en algo tienen que reflejar la realidad que allí se vive.
El policia es casi siempre un personaje quemado, una profesión dificil y peligrosa en un pais con miles de crimenes anuales por arma de fuego. El heroe o anti-heroe es un personaje al borde del precipicio, que se resiste a la corrupción en su propio departamento, que mal vive en una casa horrorosa, que se alimenta en los puestos callejeros y a base de pésimo café. Suele compensar sus desdichas con frecuentes borracheras. Divorciados, luchan por ver a sus hijos pero siempre llegan tarde a las citas o no llegan. Son gente de gatillo facil, no dudan en disparar primero y luego preguntar, su maletero esconde un completo arsenal. Si hay que detener a alguien nada se interpone entre ellos y el delincuente. No respetan los semáforos, circulan por las aceras o los parques en hora punta, sin limite de velocidad, por su carril o el contrario.
Seguro que entre todos podríamos escribir una tesis sobre el polica norteamericano… un pueblo que ha sido capaz de transformar en cine de entretenimiento sus propias miserias, crimenes, mafias, corrupciónes… exportan una imagen de si mismos que asusta. Pero hablando de tópicos, nuestro Torrente tampoco es un modelo ideal de policia.