Travolta fue bailarín
26 Junio 2008, escrito por FélixEl pasado martes recibí un correo de un amigo. Uno de esos correos cuyo objetivo no es otro que tirar de la comisura de tus labios y pintarte en la cara una sonrisa tan idiota como reconstituyente, tan pueril como imprescindible.
Dicho correo hacía una reflexión sobre la próxima camada que accederá a la universidad este septiembre que anunciará el final de este verano recién nacido y que habrán abierto los ojos a este mundo infame hacia el 1989.
Para estos jovenzuelos la democracia siempre ha habitado entre nosotros y jamás cantaron “habrá un día en que todos al levantar la vista veremos una tierra que ponga libertad”. Estaban cumpliendo cinco o seis años entre juegos y meadas nocturnas cuando la URSS se desintegró como fulminada por un rayo láser y la Guerra Fría les suena a peleas en Groenlandia. Les contaron que Alemania fueron dos siameses que sólo el tiempo curandero logró unir, pero sólo lo saben, los que lo saben, de oídas y sin referencias temporales.
Para ellos el SIDA es una enfermedad tan cotidiana como hijaputa y que viene de la Edad Media o, quizás, algo antes.
El Comecocos para ellos no es un juego, más bien la pesada boca paternal que procura evitar errores cometidos y repetidos hasta el cansancio, y las chapas, un estado de México donde la peña tiene fusiles en plena selva americana.
El Cd, avance que nos propuso otra manera de disfrutar de la música, apareció en el mercado cuando estos mozos empezaban a andar a un pañal pegado. ¿Tocadiscos? Hay alguno que no ha visto uno en su vida y los equipos compactos, esos que aglutinaban giradiscos, radio y casete estéreo, para ellos podría ser la España de Luis Aragonés o la Rusia de Guus Hiddink.


