Archivo de Julio, 2008

Gusto, mucho gusto

31 Julio 2008, escrito por Félix

Y es que daba gusto. Salir a la calle y ver a los santanderinos tomarla como si, por fin, fuese de ellos, de todos, de los de aquí y de los visitantes, para niños, viejos y en proceso de confirmación, daba gusto, mucho gusto.
Sentir que la gente de esta ciudad, que amontonó grises y desidia al borde elitista del FIS, llenaba las calles preñándolas de calor surgido al roce de tantos y tantos cuerpos ávidos de sentirse parte de todo este tinglado, daba gusto, mucho gusto.
Salir del Coso de Cuatro Caminos con la garganta seca de tragar saliva, que no de ver arte, y asomarse a la Plaza de México a descerrajar barriles de cerveza, que luego los cuerpos sudaban entre Paquito el Chocolatero y el último éxito polifónico de Bustamante, con cientos de personas engalanadas de símbolos peñeros, con niños que se dejaban llevar en volandas en el contagio de ver a sus mayores danzar como malditos, daba gusto, mucho gusto.

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Humos, humos, humos

24 Julio 2008, escrito por Félix

Quién no recuerda aquel vaquero de rostro enjuto que miraba cruzar su manada de vacas el río Colorado, mientras un atardecer rojo, como la piel de los indios arrasados, iluminaba el cine que luego nos trasportaba hasta el mismo tuétano del Fort Apache. Quién no recuerda aquella música, ni aquel sombrero ladeado que me imagino caer al mismo sitio que cargaba el paquete el cowboy, y quién no recuerda la marca de cigarrillos que encendía reiteradamente a lomos de su caballo de cartón…
Marlboro. Tchan, tchan, tchan, tchan. Tchan, tchan, tchan, tchan, tchan. Pues así crecimos los de mi difuminada generación. Entre los cigarros del vaquero de Marlboro, la vela del velero de Fortuna, el sabor inconfundible de Ducados, la suave negrura de Rex, la mezcla explosiva del mejor negro con mechas rubias de Un-X-Dos o de Lola, y la falta de pico y boquilla de los Celtas Cortos.

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Aquellos muñequitos

17 Julio 2008, escrito por Félix

Un día de estos de atrás me sorprendí mirando unas fotos de cuando “Los hombres de Harrelson” salvaban vidas inocentes ante el jolgorio de mi niñez. Y me encontré en una caja vieja juguetes de entonces, de cuando jugaba. Entre todos ellos se me apareció un click de Famobil que parecía haber detenido el tiempo en ese cuerpo simplón. Apareció y le vi igual que lo recordaba. Siempre me resultaron insulsos y con poca capacidad de maniobra. Cuando jugabas con ellos, al cogerles con las manos para efectuar los movimientos, como son tan pequeños, no se les veía.

Los que teníamos instintos sádicos ya desde temprana edad disfrutábamos dándoles vueltas a la cabeza como a la niña del exorcista, pero lo que si molaba un huevo era el barco pirata de los click. Bueno, molaba el anuncio, porque luego le ponías tú en el baño de tu casa y lo único que hacías era mojarte. Aunque pensándolo bien también tienen sus cosas buenas. Duran mucho…
Y lo valientes que son los clicks. Nunca se ponen de rodillas ante nadie. A ver quien tiene que cojones de poner un click de rodillas. Los puedes sentar, pero de rodillas, no hay huevos…

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¿Libertad de expresión?

10 Julio 2008, escrito por Félix

La libertad de expresión debería ser ese derecho inalienable que cualquier ciudadano debiera poder utilizar para dar una opinión sin necesidad de que ello te santifique o te mande directamente al pozo del fuego eterno. Debería ser la fórmula para compartir ideas o para reflexionar sobre las teorías opuestas a las de uno. Debería ser una escuela donde se escuche a todo el mundo sin provo car la ira, ni siquiera el aplauso de tus convecinos. Pero no es así. Al final la libertad de expresión se convierte en la tendencia que te inclina a posicionarte en una de las orillas del río. Y yo no quiero estar en ninguna orilla: prefiero charlar en el puente que las une. No son las ideas opuestas las que separan, son los actos para imponer esas ideas las que crean los monstruos de la convivencia.
No creo en las invasiones, ni en la imposición, ni en la razón absoluta. Prefiero la fusión, la integración y la cordura a la mano alzada, al puño cerrado, al toque de queda y al razonamiento obtuso.
Y es que uno se cansa. Se cansa de vivir rodeado de gente que no es capaz de entender que uno piense como piensa, que uno se exprese libremente.

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Tópicos televisivos

3 Julio 2008, escrito por Félix

En tiempos de chirimiri me gusta rebuscar entre los ceros y los unos de mis discos duros esperando una clarividencia que me harta de hacerme esperar, aunque al final siempre aparece. Y en esa rebúsqueda, Joan Ramón Mainat, que murió el 16 de noviembre de 2004, se ha presentado vivito y coleando en forma de un artículo escrito poco antes de su muerte. Creo que es altamente interesante para todos aquellos que trabajamos en televisión y que disfrutamos de ella, y es por esto que le cedo a Joan Ramón mi “Surtido de Ibéricos” para que se siga oyendo esta voz lúcida, sincera y sabia a golpe de experiencia. Este es el extracto del artículo que no puedo poner en su totalidad dada la extensión del mismo.

Y hablando de tópicos, permitidme que os proponga, al menos para su revisión, algunos de los típicos tópicos, algunos de los mitos, algunas de las afirmaciones que se dan por buenas si nadie se ocupa de desmentirlas o matizarlas.
Primer tópico: los documentales son buenos y los programas de entretenimiento son malos. O no. Los documentales también pueden ser no sólo malos, sino malísimos. Y los programas de entretenimiento pueden ser no sólo buenos, sino excelentes. En todo caso, lo que determina la posible calidad de un programa no es el género al que pertenece, sino la suma de todos los posibles elementos por los que una obra televisiva puede ser valorada: dirección, realización, producción, presentación, interpretación, guión, fotografía, iluminación, sonido, grafismo, ritmo interno, tono, look, originalidad, capacidad de creación de sentimientos, interés, idoneidad en la elección y tratamiento de los temas, y un largísimo etcétera que es la suma de los trabajos de un equipo completo de televisión. A pesar de esta evidencia, no he leído ni oído una mala crítica o un comentario desfavorable a un documental en los últimos años, y en cambio cada día leemos y oímos lo pésimos que son los programas de entretenimiento. Las opiniones son libres, tan libres como las decisiones de los profesionales y programadores, pero reconociendo, eso sí, que lo difícil es analizar una obra televisiva en su conjunto y lo fácil es criticar lo superficial.

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