Humos, humos, humos

Quién no recuerda aquel vaquero de rostro enjuto que miraba cruzar su manada de vacas el río Colorado, mientras un atardecer rojo, como la piel de los indios arrasados, iluminaba el cine que luego nos trasportaba hasta el mismo tuétano del Fort Apache. Quién no recuerda aquella música, ni aquel sombrero ladeado que me imagino caer al mismo sitio que cargaba el paquete el cowboy, y quién no recuerda la marca de cigarrillos que encendía reiteradamente a lomos de su caballo de cartón…
Marlboro. Tchan, tchan, tchan, tchan. Tchan, tchan, tchan, tchan, tchan. Pues así crecimos los de mi difuminada generación. Entre los cigarros del vaquero de Marlboro, la vela del velero de Fortuna, el sabor inconfundible de Ducados, la suave negrura de Rex, la mezcla explosiva del mejor negro con mechas rubias de Un-X-Dos o de Lola, y la falta de pico y boquilla de los Celtas Cortos.

Y ahora queremos pasar de la dictadura del humo a la oligarquía de los “no” fumadores. ¡Ay, fumadores del averno! El agujero de Ozono no es por las fábricas que sólo ellos saben que escupen, ni por los coches, ni por los CFC, HGF, KYAT o JODT. No, es por los fumadores. Por esa banda de impresentables que de una manera infantil se dejó seducir por el humo que invitaba a conquistar, a triunfar, a prosperar ¿Qué nos decían que había que hacer después de un buen polvo? ¿Cómo nos enseñaron a culminar el banquetede algo tan agradable como la boda de tu hermano? Fumar es malo, es malísimo. Y beber, y comer la grasa de los chuletones, y correr con el coche, y toser en el autobús esparciendo tus virus entre tus conllevados, y leer ciertos libros y escuchar ciertas emisoras de radio, y pasar de ir al gimnasio, y ver Está Pasando, etc… Sin embargo la gente bebe, porque necesita olvidarse de lo asquerosamente cotidiano; se comen la grasa de los chuletones, porque les llena de satisfacción, y pa’dos días que estamos aquí ¡qué se joda el colesterol!; corren con el coche, porque se sienten libres de ataduras que luego volverán a estrangular las muñecas; tosen en la autobús, porque no pueden reprimirlo, repito, no pueden reprimirlo; leen y escuchan lo que les apetece, porque sólo faltaba eso; pasan del gimnasio, porque aunque bueno es jodidamente aburrido; y ven ‘Está Pasando’ porque es más divertido que una sesión del congreso o una disertación sobre la condición humana. Esto se puede cambiar solamente con educación, no con prohibiciones. En fin, se puede fumar, al menos eso creo yo, con medida y sin fastidiar. Se puede ser un no fumador y mandar a la gente a la guerra. George Bush no fuma ¿verdad? Otra cosita que no quiero dejar pasar por alto ¿Me van a prohibir que entre con mis hijos menores en un bar de fumadores? Ja, ja, ja…

Este extremo roza lo inconstitucional. Me podrán recomendar, al igual que en el cine, que no lo haga, pero prohibir, prohibir… Y el colmo es que el ochenta por ciento del precio del tabaco son impuestos. ¿Y si todos los fumadores dejásemos de golpe de comprar tabaco? ¿Asumirían los no fumadores el agujero financiero y escalofriante que tal decisión produciría en las arcas del estado? Me pregunto si llegaremos a prohibir ciertos alimentos, o a regular su consumo, para impedir que la obesidad, que acaba en graves problemas cardiovasculares, deje de ser la primera causa de muerte y reducir, de paso, el tremendo gasto sanitario que produce. Eduquemos en los buenos hábitos. No prohibamos aquello que, no hace tanto tiempo, era síntoma de sociabilidad.

Yo también estoy por un mundo sin humos, pero cada vez que en Tele 5 me encuentro con Mercedes Milá, me entran unas ganas irresistibles de encenderme un cigarrillo.

Una respuesta a “Humos, humos, humos”

  1. yops Dijo:

    Si dejáseis todos de fumar, parte de lo que dejáis de pagar en impuestos se ahorraría en gastos sanitarios, además de que en otra cosa gastaríais dinero (cosa que probablemente pague menos impuestos, pero también). Seguramente quede dinero sin cubrir, que no me parece mal que se pague entre todos si con eso dejamos de tragar humo.
    Por otro lado, lo de ciertos alimentos se ha empezado a dar por ejemplo con la hamburguesa famosa del burguer king. Pero yo lo veo distinto, porque el que que se come la hamburguesa no me produce problemas de corazón, pero el que fuma cerca mío aumenta mis probabilidades de cáncer (aparte de lo molesto que resulta). A mí si os inyectaseis la cocaína en vena o sacasen cigarrillos sin humo la verdad es que me daría igual, pero no es así.

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