Gusto, mucho gusto
Y es que daba gusto. Salir a la calle y ver a los santanderinos tomarla como si, por fin, fuese de ellos, de todos, de los de aquí y de los visitantes, para niños, viejos y en proceso de confirmación, daba gusto, mucho gusto.
Sentir que la gente de esta ciudad, que amontonó grises y desidia al borde elitista del FIS, llenaba las calles preñándolas de calor surgido al roce de tantos y tantos cuerpos ávidos de sentirse parte de todo este tinglado, daba gusto, mucho gusto.
Salir del Coso de Cuatro Caminos con la garganta seca de tragar saliva, que no de ver arte, y asomarse a la Plaza de México a descerrajar barriles de cerveza, que luego los cuerpos sudaban entre Paquito el Chocolatero y el último éxito polifónico de Bustamante, con cientos de personas engalanadas de símbolos peñeros, con niños que se dejaban llevar en volandas en el contagio de ver a sus mayores danzar como malditos, daba gusto, mucho gusto.
Degustar la marmita de la Peña “Los Vividores” en un Pasadizo de Zorrilla abarrotado hasta los banderines, bailando al son festivalero y trashumante de la charanga de Astillero, mientras un vecino se sumaba a la fiesta desde su balcón –si no puedes con ellos, haz piña- con las brazos alzados que estiraban una bufanda del Racing europeo, y entonar con esos cientos de personas “La Fuente de Cacho”, y partirse las cuerdas vocales con gritos de Racing, Racing -incluso unas chicas de Palma de Mallorca se sumaron al homenaje futbolero-, daba gusto, mucho gusto.
Tirar por la Alameda pa’bajo, parando en casetas al azar, brindando con todo tipo de tipos, anclando la sonrisa en la cara, abrazando si la ocasión lo merecía –y lo mereció en innumerables ocasiones-, y seguir bailando, daba gusto, mucho gusto.
Pinchos de pollo, de salmón, brochetas, jamón cortado a cuchillo jamonero, arroz en raciones bien medidas, y así hasta perder la cuenta y, a veces, el control, que durante el resto del año nos acompaña hasta cargarnos de tensión a la altura de los hombros, de verdad que daba gusto, mucho gusto.
Pasar por la Porticada al ritmo popero de Danza Invisible mientras los miles allí reunidos cambiaban las piernas por muelles, que hasta aquel soldado de aquel mayo glorioso que vigila la plaza movía las caderas, lo dicho, daba gusto, mucho gusto.
Volver a presenciar en víspera de Santiago como le cambiaba el color a Santander a capricho del color del fuego artificial que tocaba en suerte, como siempre fue y nunca debió dejar de serlo, y con decenas de miles de barbillas levantadas admirando palmeras y tracas, daba gusto, mucho gusto.
Y así podría desgranar toda la Semana Grande: día por día, ratuco a ratuco, festejo a festejo.
Pero no quisiera olvidarme de todos aquellos que durante años exigimos que esta ciudad tuviera unas fiestas dignas: la Pera, la Pirula, la Panderetuca, los Vividores –como no-, el Castellano, y a todos aquellos que nos lanzamos a la calle cuando estaba vacía y procuramos, en la medida de nuestras posibilidades y nuestra lucidez a veces escasa, que el pueblo tomara el asfalto.
Los santanderinos han demostrado que eso de la frialdad nunca fue una opción elegida: más bien una imposición institucional.
Pobre de mí, se han acabo las fiestas de Santiaguín, y supongo que es hora de hacer balance, de analizar lo sucedido, de sentarse en una mesa a comentar las jugadas y de empezar a trabajar por las fiestas de Santander de 2009. Habrá que corregir los fallos que todos los principiantes cometen en los primeros pasos que dan, porque ha habido errores, pero ¿quién no tropieza cuando comienza a andar?
Enhorabuena al Ayuntamiento de Santander, a su Alcalde y a su equipo, al concejal de festejos y a todos los que han trabajado para hacer tangible tantos y tantos sueños y anhelos de tanta y tanta gente que presentían que esto era posible.
El año que viene más y mejor. Mas y mejores casetas, más y mejores conciertos, más y mejores actividades, más y mejores momentos para compartir, para sentirnos vivos y para demostrarnos que, cuando queremos, los santanderinos tenemos la sangre caliente, muy caliente, y eso, queridos amigos, da gusto, mucho gusto ¡VIVA SANTIAGO 2009!
1 de Agosto, 2008 a las 20:13
Un paso más en las fiestas de Santiago… ya hacía falta en Santander el ambientuco que nunca tuvo… y lo mucho que queda por hacer… asi que a trabajar para que el 2009 despierte todavía más sensaciones…
6 de Agosto, 2008 a las 13:48
Se te olvida decir una cosita, sin mucha importancia, Felishuco. Quienes deben dar ejemplo de respeto a las leyes, nuestros representantes en las instituciones políticas, nos han dado el ejemplo contrario, el Alcalde y su equipo de gobierno han incumplido hasta la normativa dictada por el Ayuntamiento al permitir consumir bebidas alcoholicas en la calle. ¿Ese es el ejemplo que queremos para nuestra juventud? ¿Mañana cuando unos adolescentes hagan botellón con que derecho va ir la Policía Local a identificarles si el Alcalde es el primero en incumplir la normativa legal vigente? ¿ O los políticos pueden saltarse las leyes y el resto de los mortales no?