El pasado sábado, con los nervios y la sensación de retomar, aunque sólo fuera por un par de horas y media latidos de corazón joven y con mi patria en mis zapatos, acudí al Palacio de los Deportes de Santander a participar en el concierto de Manolo García. Y vive Dios que participé. Eso gritaba el sudor que, al finalizar el festival de música y luces, empapaba hasta la goma de mi calzoncillo. Y no quiero extenderme en lo sentido, en lo emocionante que resultó el espectáculo, en lo que disfruté al ritmo de Manolo García y de su impresionante banda: eso es algo personal e intransferible y que quedará en el disco duro de mi cerebro maltrecho.
El sábado hizo, como suele ser habitual en estos días, calor para soñar en duchas frescas y reconstituyentes o en zambullidas en el mar de aguas tibias que besan las playas que se pueblan hasta los gavilanes en estos días.
Y ese sol justiciero, azotando sin miramientos en las escamas plateadas de la “Ballena” que reposa junto a los Campos de Sport del Sardinero, hizo de la instalación municipal un microondas peligroso para todos aquellos que pretendieran bailar como posesos siguiendo la estela de Manolo García. Y saber que afuera, donde los de Expediente X dicen que se halla la verdad, la noche estival invitaba a mirar a la luna con los ojos cerrados, y ser consciente de que ese es el lugar, bajo la luna, que en verano reclaman conciertos y timbales, y sentirte encerrado en una sauna de Estambul no minimizó ni un ápice el buen rollo que dentro del “Ballena”, como Pinocho, se esparció como las esporas en primavera.
Es decir -me dejo de metáforas ornamentales-, que pasamos un calor infrahumano, o sea, como diría Tamara Falcó, un calor de cojones. Y uno, que tiene memoria, recordaba esos conciertos al aire libre y al aroma del albero de la Plaza de Toros o al olor del salitre que impregna la Campa de la Magdalena. Uno recordaba las danzas, con un cigarro en la derecha y una cerveza en la izquierda, que con el cuello estirado buscando estrellas veraniegas interpretaba entre un Fa sostenido y un Sol de justicia, en esta caso Luna de justicia.
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