La esgrima y el día de Cantabria
El domingo me levanté trabaduco, con el estómago cantando por bulerías, la cabeza acompañando por taconeos y el espíritu revenido. Y me senté en la mesa de la cocina, bueno, en la silla de la cocina al abrigo de la mesa repleta de bollería, sobaos y café y encendí la tele al azar. Y ese azar caprichoso apostó por la 2, que en una desconexión regional me acercaba lo que acontecía en Cabezón de la Sal, en el día de Cantabria. Acepté, a pesar del dolor de cabeza, seguir las palabras del Presidente regional, aunque estaba convencido de que iba a oír más o menos lo de siempre. Y así fue. Nada nuevo bajo el sol que engalanaba Cabezón de la Sal. La misma retahíla de todos los años: el amor a Cantabria, el lugar de Cantabria en el escalafón mundial, Cantabria y cierra España, la lacra del terrorismo y los nuevos plazos para las mismas viejas cosas, que, por supuesto, no se cumplirán.
Sí hubo un alegato por parte del Presidente que me dejó un poco perplejo: una oda antixenófoba que no llegué a entender del todo. Habló Miguel Ángel Revilla de que Cantabria no es xenófoba y apostó por dar cariño a borbotones a todos aquellos que llegaron a esta región con el único empeño de buscarse la vida honradamente. Y puso todo el interés en que se regalaran besos y caricias, sobre todo, a los niños de esos inmigrantes. Muy bonito, muy pañuelero, pero no acabé de entender esa disertación. Cuando un Presidente habla de xenofobia, o de su extirpación, puede hacer pensar que ha habido problemas de esa índole en Cantabria, pero no es el caso, al menos que yo me haya perdido algún capítulo de lo que sucede en esta región. Seguramente el Presidente no quiso señalar a nadie ni a nada, pero una vez despojada su perorata de la sensiblería típica de los discursos “revillescos”, todo se quedó en un chapuzón lacrimógeno para buscar el aplauso y el adjetivo falsificado con el que el de Polaciones suele anestesiar los oídos de sus escuchantes. No entendí ese alegato contra la xenofobia, aunque en un tema de tal magnitud, salvo los indeseables, todos estaremos de acuerdo.
En otro momento grandilocuente, Revilla llegó a afirmar que “sólo se defiende aquello que se ama”. Muy bonito, pero que quieren que les diga; yo siempre fui partidario de defender todo aquello que es justo, independientemente de la cantidad de amor que le tenga o no al hecho en sí, pero queda de lindo que te cagas. El pasado jueves 7 de agosto, de madrugada, hubo un altercado violento en la zona marítima. Tres jóvenes borrachos que llevaban un buen rato liándola por la calle acabaron agrediendo a un taxista que pasaba por allí. Dos personas que se encontraban en las inmediaciones salieron en defensa del taxista, y jugándose literalmente el tipo consiguieron que la cosa no pasara de dos mamporros. Luego llegó la policía y después de las consiguientes denuncias acabó el desaguisado sin desgracias de consideración, afortunadamente. Estoy convencido de que los dos ciudadanos que defendieron al taxista lo hicieron por justicia y decencia. Dudo que alguno de ellos amara la taxista. Preferiría que los políticos de Cantabria cambiaran al peso algo de ese amor por esta región por más respeto a los cántabros; la cosa nos iría mejor.
Pero lo que más me fascinó, hasta el punto de aumentar hasta lo insufrible mi dolor de cabeza, fue cuando el Presidente reclamó para Cantabria protección y cuidado, y la responsabilidad de todos sobre uno de los bienes más cotizados en esta región: el paisaje.
Y es que cuando uno escupe para arriba lo más probable es que la caiga encima lo salivado. Esto no lo digo yo, esto es cosa de un tal Newton. Parece que Revilla no recuerda que del año 1995 hasta el 2003 –escribo las fechas de memoria y me la trae al pairo bailar algún año, el consejero de Obras Públicas, Vivienda y Urbanismo fue el mismo tipo del bigote que cada mañana le saluda desde el espejo cuando se afeita. ¡Ay, qué frágil la memoria y qué dura la cara!
Después de oír esto reclamé la ayuda de un sobre de ibuprofeno; me senté en mi parte del sofá, puse las olimpiadas y disfruté como un niño del combate de espada en la que “Pirri” ganó la medalla 100 para este país y la primera de bronce para él ¡Qué cosas tiene la vida! Yo disfrutando de la esgrima. Ver para creer.