En tiempos de chirimiri me gusta rebuscar entre los ceros y los unos de mis discos duros esperando una clarividencia que me harta de hacerme esperar, aunque al final siempre aparece. Y en esa rebúsqueda, Joan Ramón Mainat, que murió el 16 de noviembre de 2004, se ha presentado vivito y coleando en forma de un artículo escrito poco antes de su muerte. Creo que es altamente interesante para todos aquellos que trabajamos en televisión y que disfrutamos de ella, y es por esto que le cedo a Joan Ramón mi “Surtido de Ibéricos” para que se siga oyendo esta voz lúcida, sincera y sabia a golpe de experiencia. Este es el extracto del artículo que no puedo poner en su totalidad dada la extensión del mismo.
Y hablando de tópicos, permitidme que os proponga, al menos para su revisión, algunos de los típicos tópicos, algunos de los mitos, algunas de las afirmaciones que se dan por buenas si nadie se ocupa de desmentirlas o matizarlas.
Primer tópico: los documentales son buenos y los programas de entretenimiento son malos. O no. Los documentales también pueden ser no sólo malos, sino malísimos. Y los programas de entretenimiento pueden ser no sólo buenos, sino excelentes. En todo caso, lo que determina la posible calidad de un programa no es el género al que pertenece, sino la suma de todos los posibles elementos por los que una obra televisiva puede ser valorada: dirección, realización, producción, presentación, interpretación, guión, fotografía, iluminación, sonido, grafismo, ritmo interno, tono, look, originalidad, capacidad de creación de sentimientos, interés, idoneidad en la elección y tratamiento de los temas, y un largísimo etcétera que es la suma de los trabajos de un equipo completo de televisión. A pesar de esta evidencia, no he leído ni oído una mala crítica o un comentario desfavorable a un documental en los últimos años, y en cambio cada día leemos y oímos lo pésimos que son los programas de entretenimiento. Las opiniones son libres, tan libres como las decisiones de los profesionales y programadores, pero reconociendo, eso sí, que lo difícil es analizar una obra televisiva en su conjunto y lo fácil es criticar lo superficial.
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